antonio serrano

ANTONIO SERRANO RODRÍGUEZ

Ingeniero de Caminos Canales y Puertos, licenciado en Ciencias Económicas, y catedrático de Urbanística y Ordenación del Territorio de la Universidad Politécnica de Valencia, miembro de ASYPS

Un ejemplo a seguir

Los ingenieros tendemos a ser pragmáticos y Domingo lo era. Y mucho.

Nos conocimos en 1991, trabajando juntos, ambos como Directores Generales, en el Ministerio de Obras Públicas, Transportes y Medio Ambiente, siendo ministro, José Borrell. Él se encargaba de la Política Ambiental del Ministerio y yo de la Política Urbanística y de Ordenación del Territorio. Dos grupos de políticas muy interrelacionadas pero conflictivas con las pautas entonces vigentes de amplia transformación del país, tanto en términos de realización de infraestructuras (fuertemente impulsadas por los Fondos de Cohesión Europeos tras la entrada en la CEE, en 1986) como por el tradicional negocio ligado a la especulación inmobiliaria de este país, que hacía de sus áreas metropolitanas y costas objeto de graves tensiones, y receptoras de fuertes impactos ambientales, generadas durante todo el período de recuperación económica tras la crisis de 1979-1986.

No era fácil compaginar un ministerio inversor con una política de ordenación y conservación que se adhiriera a lo que poco después sería la nueva pauta impulsora del Desarrollo Sostenible tras la Conferencia de Rio 1992. Desarrollo sostenible entendido como territorios socioeconómicamente cohesionados, ambientalmente sostenibles y espacialmente equilibrados, que eran los principios que ambos pretendíamos defender en un marco no precisamente receptor de estas líneas de intervención por aquél entonces. Afortunadamente, Cristina Narbona, entonces Directora General de Vivienda en el mismo ministerio, y poco después (desde 1994) Secretaria de Estado de Medio Ambiente, también defendía esos principios y su labor se iba a notar, tanto en el partido socialista, como en su posterior trayectoria como Ministra de Medio Ambiente, desde 2004 a 2008.

Tras esta etapa, que culmina en 1994, no íbamos a coincidir, Domingo y yo, más que esporádicamente. Domingo se marchó a Copenhague como Director de la Agencia Europea del Medio Ambiente, en abril de ese año, lo que constituyó un orgullo para los que conocíamos y apreciábamos su labor, personalidad y talante. Yo, volvía a la Universidad, a ocuparme de la cátedra de urbanística y ordenación del territorio y a potenciar la Asociación Interprofesional de Ordenación del Territorio, FUNDICOT, nuevamente como presidente de la misma.

No cabe duda que España entraba con buen pie en el aumento de representantes cualificados en las instituciones europeas con el nombramiento de Domingo, que ya tenía experiencia en la gestión europea. Pero, ahora, la creación y puesta en marcha de la Agencia del Medio Ambiente tenía una trascendencia mucho más singular. Había mucho que hacer en la UE en materia ambiental y Domingo, como era normal en él, se puso a ello con especial dedicación, ayudando a definir una Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA) que en la actualidad es ejemplo en el mundo.

En paralelo, Cristina Narbona creó grupos de trabajo abiertos en el seno del PSOE, tras su salida del Gobierno, en 1996, en los que me volví a encontrar con Domingo, comprobando, con satisfacción, que se mantenía la comunidad de ideas y principios, lo que era una excelente base para poder impulsar la amistad y el trabajo en común.

Pero fue a partir de 2004, con Cristina como Ministra de Medio Ambiente en el Gobierno de Zapatero, y mi nombramiento como Secretario General para el Territorio y la Biodiversidad, cuando esa colaboración y comunión de ideas fue más fuerte. Él, desde la Oficina Económica del Presidente de Gobierno, batallando con una dirección (Miguel Sebastián) que no acababa de entender la necesidad de políticas públicas de defensa del interés general en el marco de un recurso –el agua- que pensaban como recurso productivo que debía regirse por las leyes del mercado. Yo, desde el Ministerio de Medio Ambiente, responsable de la política de aguas, costas, biodiversidad y territorio, con la necesidad de promover alternativas (lo que sería el Programa AGUA) ante el rechazo del Gobierno y de la Comisión Europea a un Trasvase del Ebro que creaba muchos más problemas de los que resolvía e implicaba inversiones ineficaces e ineficientes. En el impulso a ese Programa Agua y a la desalación en el mediterráneo como alternativa, encontré el apoyo de Domingo, trabajando por integrar el conjunto de acciones públicas en el marco de un desarrollo sostenible tan lejano del boom financiero-especulativo en el campo de la construcción, edificación y urbanización acelerada (campos de golf incluidos) en que había introducido a España la política liberalizadora del suelo del Gobierno de Aznar a partir de 1996.

La ayuda de Domingo fue trascendental para que el Programa AGUA del Ministerio saliera adelante. Defendía la necesidad de pasar de la oferta creciente de agua para satisfacer demandas crecientes del recurso, a la gestión racional de la demanda para optimizar su uso y la oferta del mismo”. Conservo el PowerPoint que utilizó en la exposición conjunta que realizamos ante la Dirección de la Oficina Económica de la Presidencia (con la presencia de Miguel Sebastián) de la que creo que es relevante reproducir la diapositiva siguiente que enmarcaba y sintetizaba su discurso por el cambio, y coincidía, básicamente, con los principales fundamentos del Programa AGUA desarrollado a partir del 2004.

La segunda línea más significativa de colaboración se produjo en el campo de creación y desarrollo del Observatorio de la Sostenibilidad de España (OSE), en 2005, a iniciativa de Cristina Narbona, con los fondos que desde la Secretaría General aportábamos a su desarrollo a través de la participación de la Fundación Biodiversidad, de la que era personalmente Presidente. En todo caso, Domingo fue el creador e impulsor del OSE, primero como Director en funciones, en 2005, y después como asesor y guía de la labor del mismo, ya dirigido por Luis M. Jiménez Herrero hasta su extinción por el Gobierno del Partido Popular, de Mariano Rajoy, en 2013.

Si el OSE se fundó con su impulso y la firma del Convenio para su financiación entre el Ministerio de Medio Ambiente, la Fundación Biodiversidad y la Fundación General de la Universidad de Alcalá de Henares, en cuyo ámbito se radicó físicamente (sedes de Alcalá y Pastrana), hay que destacar que, gracias a los esfuerzos de Domingo, en menos de un año se publicó el primer Informe de Sostenibilidad de España, 2005, que constituyo la base de los que anualmente se irían publicando hasta 2012, perfeccionando contenidos y bases informativas y científicas, a la vez que creando un grupo de jóvenes profesionales especializados en la materia. Y destacar que aprovechó su experiencia en la AEMA para trasladar al OSE la filosofía del trabajo en red, como forma óptima de producir la información necesaria sobre sostenibilidad de forma eficiente, utilizando al máximo las capacidades ya existentes de generación de datos e información.

Si el OSE respondía al compromiso impulsado por Cristina Narbona dentro del PSOE, e incorporado al programa electoral del Partido que ganó las elecciones en 2004, defendiendo no solo el avance hacia la sostenibilidad, sino el que este fuera “evaluable mediante los oportunos indicadores elaborados por instancias independientes del gobierno”, fueron Domingo y Luis M. Jiménez los que culminaron la labor. Labor que pretendía una evaluación del avance hacia la sostenibilidad del desarrollo no siempre complaciente ni defensora de las políticas y actuaciones que iban trasformando el territorio y la sociedad española. Lo que permite comprender que el Gobierno del partido popular instaurado en 2012, defensor de una política liberal difícilmente compatible con el avance hacia la sostenibilidad, siguiendo los patrones de esa época, dejara de aportar los recursos que permitían su funcionamiento y abocara al OSE a su extinción en 2013.

Ello no significó que Domingo abandonara su preocupación y lucha por la sostenibilidad desde los distintos campos que le habían sido propios en sus años de defensa del medio ambiente. Su preocupación iba a derivar hacia las energías renovables, en una trayectoria públicamente bien conocida, de la que convendría destacar, en el ámbito de su preocupación y trabajo para impulsar la trasformación energética renovable, su Presidencia de la Fundación Renovables, de la que fue Patrono fundador.

Volvimos a coincidir en el Consejo Asesor para la Transición Ecológica (CAPTE) impulsado por la actual Vicepresidenta tercera del Gobierno, Teresa Ribera, precursor de la política que enmarca las líneas directrices del actual Gobierno de España en esa Transición Ecológica. Destacar aquí los comentarios basados en su experiencia práctica personal sobre lo que sería el Informe CAPTE Territorio 2020, sobre el que mantuvimos varias conversaciones telefónicas. Él aducía su experiencia, amor y satisfacción por los resultados de la puesta en práctica de lo que en su opinión “debía ser” en su finca de la sierra de La Almenara, en Águilas (Murcia), como forma alternativa e integrada de desarrollo rural sostenible. Yo me refería a la evolución real de los territorios desfavorecidos en España, y a la experiencia en la Finca de La Almoraima en la que, como Presidente de Parques Nacionales, impulsé un Plan para el Desarrollo Sostenible de la misma con criterios similares a los que el propugnaba y aplicaba en su finca.

El postrer contacto se produjo a través de las últimas conversaciones telefónicas mantenidas en el marco de su colaboración para el número dedicado a Transición energética y Sostenibilidad en la Revista Temas (noviembre de 2022, número 335) que José Félix Tezanos me encargó coordinar. La absoluta concordancia en las líneas de acción prioritarias no estaba exenta de un “pero” en el que, por mi parte, se ponía el acento en incrementar la participación en todo el proceso de desarrollo de las renovables de los municipios y su población, y en priorizar la energía distribuida y el autoconsumo frente al modelo energético centralizado actual; lo que matizaba su opinión, concisa y radical de que “Frente a las reacciones de la Plataforma “Renovables sí, pero así, no”, defiendo la urgencia de “Renovables así, sí”.

Domingo fue fundamental en la puesta en marcha e impulso de la AEMA. Fue fundamental en la creación del OSE, ayudando a que la sostenibilidad y su medida se integrara en la sociedad y en su conciencia ambiental. Defensor de la puesta en valor del medio ambiente, sus trabajos en pro de la energía renovable y de una sociedad conectada en red y autosuficiente han sido guía de políticas públicas y privadas. Y su esfuerzo por llevar a la práctica sus teorías de desarrollo rural sostenible en su propia finca, es un ejemplo de coherencia y compromiso que no podemos más que celebrar. Compañero ingeniero, amigo y colaborador en la búsqueda de una España mejor para todos, su persona estará siempre en nuestro recuerdo. Y es merecedor del respeto y máxima consideración de una sociedad española por cuya mejora trabajó incansablemente.

Para acabar, dos frases suyas, de 2005 y 2012, respectivamente, que enmarcan claramente su posición: “Un desarrollo más sostenible no debería confundirse con el desarrollo menos insostenible” (Presentación del Informe sobre Sostenibilidad en España 2005). “Defiendo planteamientos positivos y proactivos. Hago una llamada a la acción y no a la reacción.” (Participación en Seminario FUNDICOT. Noviembre 2012.)

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